Hablar de fútbol en tiempos de coronavirus es un tanto difícil. Lo mismo pasa con el básquet, el vóley, el handball y muchos otros deportes (por no decir todos). Por eso, voy a apelar a la memoria y rendiré una especie de homenaje, con análisis incluido, del Racing de Eduardo “Chacho” Coudet, el último entrenador que nos dejó 2 títulos en la vitrina.

Su ciclo comenzó en diciembre de 2017. Sucedió a Diego Cocca, otro entrenador querido en la casa, y coincidió con el regreso del hijo pródigo: Diego Milito arrancaba, a la par, su labor como Secretario Técnico del club. El 28 de enero del 2018, Eduardo Coudet debutó oficialmente como DT de Racing Club en la provincia de Santa Fe, con una derrota 2-1 ante Unión. Sí, comenzó perdiendo, y el rendimiento del equipo fue algo atípico, contrastado con lo que se vería tiempo después: el rival superó a Racing, generó más situaciones de gol y ganó el encuentro. Sin embargo, la cosa cambiaría el fin de semana siguiente al conseguir una importante victoria 4-0 ante Huracán en el primer partido como local. Actuación brillante, buen juego, goleada, concentración y un arma letal: Lautaro Martínez. Ese pibe que ya mostraba dotes de crack terminó de cargar la barra de potencia y dio rienda suelta a sus goles (9 en 14 partidos por Superliga y ¡5 en 6 encuentros por Copa Libertadores!), bajo el mando del Chacho. En ese primer semestre se destacan la victoria 5-0 ante Patronato en el torneo doméstico y las goleadas 4-2 ante Cruzeiro y 4-0 contra Vasco da Gama por el certamen internacional, todas en el Cilindro. Las piedras en el zapato fueron, en primer lugar, la eliminación de la Copa Argentina en primera ronda ante Sarmiento de Resistencia, club del Federal A, cuarta categoría del fútbol argentino, y, por otro lado, la derrota 3-1 ante Colón por la última fecha del torneo local, que le negó a Racing la clasificación a la Copa Libertadores 2019.

Coudet armó un equipo ofensivo, goleador y temido, que manejaba muy bien la pelota. Incluso, tenía un laboratorio de la jugada preparada: 9 de los primeros 19 goles de Racing bajo su conducción fueron de pelota parada. Inédito. Había encontrado la forma de abrir partidos cerrados, una llave que podía volverse clave.

Ya en la segunda mitad del 2018, sin Lautaro Martínez en el plantel (partió al Inter de Italia a cambio de aproximadamente 19 millones de euros), La Academia afrontaría una temporada con la segunda parte de la Copa Libertadores 2018, Superliga y Copa Sudamericana 2019. En el mercado de pases de junio, a la baja del delantero, se le sumaron Enrique Triverio (Tijuana, México), Juan Musso (Udinese, Italia) y Brian Fernández (Estaba en La Calera, Chile, y partió al Necaxa de México), por un total de 25 millones de dólares, aproximadamente. Con ese dinero, la Secretaría Técnica de Milito traería 6 refuerzos que se convertirán en piezas claves: Gabriel Arias, Marcelo Díaz, Eugenio Mena, Guillermo Fernández, Renzo Saravia y Jonathan Cristaldo, sumados a Gustavo Bou y Mauricio Martínez (se rompió los ligamentos cruzado anterior y lateral interno de su rodilla derecha, lo que demandó 1 año de recuperación). Sumando todos los saldos, el club gastó 12 millones y medio de dólares, la mitad de la cantidad que ingresó.

El gran objetivo era la Copa Libertadores. Para lograrlo, se trajo jerarquía y el sorteo marcó al primer rival: el River de Gallardo. El desafío parecía emocionante en la previa y sería una prueba de fuego para saber si ese equipo estaba para pelear cosas importantes, pero el resultado fue catastrófico. Afuera en octavos. Ese cachetazo que propinó el Millonario terminó de despertar al equipo que se planteó el objetivo definitivo, ganar la Superliga. Una vez en marcha el torneo, Racing dio pelea desde el comienzo. En la fecha 4 tomó a punta del torneo y se abrazó a ese sueño hasta el final, pero el camino no fue fácil. El rival de turno, el Defensa y Justicia de Beccacece, luchó hasta el cansancio y obligó a La Academia a hacer un torneo casi sin fisuras. En el medio, victorias contundentes ante Patronato (3-0), Rosario Central (2-0) y Gimnasia y Esgrima (3-0), empates con sabor a poco como el de Boca (2-2, luego de ir 2-0 arriba) y una derrota decepcionante ante San Martín, en Tucumán, cayendo 2-1 teniendo un jugador más durante 50 minutos.

Llegó así el receso de verano. En ese mercado de pases el equipo terminó de reforzarse con Darío Cvitanich, jugador importantísimo si los hubo. El torneo se reanudó en enero, cuando Racing viajó a Mar del Plata y venció 3-1 a Aldosivi, con un gol del recién llegado. En la recta final de Superliga, hay 3 partidos que son completamente claves. El primero de ellos, otra derrota ante River: 2-0, en el Monumental. Otro cachetazo. El día que Centurión es apartado del plantel por el famoso empujón a Coudet. El segundo, la épica victoria ante Independiente. Ese 3-1 en condición de visitante, dos semanas después de River, fue revitalizante. Una muestra de carácter necesaria que inyectó las venas de todo el plantel con adrenalina pura. Por último, el empate en Victoria ante Tigre, que selló el sueño de todos: Racing salió Campeón de la Superliga Argentina de Fútbol 18-19. Pero no se puede dejar de mencionar que se priorizó al torneo local por sobre la Copa Sudamericana (afuera en primera ronda) y la Copa Argentina (también eliminados en primera fase, otra vez).

Todo lo que sigue después fue un largo festejo. La mezcla fatal de lesiones (Sigali, Donatti, Díaz, Solari y Julián López), y un mercado de pases que desarmó al equipo (Pol Fernández y Renzo Saravia fueron bajas sensibles y los refuerzos no encajaron, como fue el caso de Matías Rojas), mermaron el rendimiento de un equipo que era de elite. Y enseguida se notó, ya que el equipo quedó afuera de la Copa de la Superliga ante Tigre en condición de local. Hasta ahí, todo era perdonable, pero se venía lo peor.

Otra vez River. La kriptonita de Coudet. Otra vez Gallardo. Un 1-6 histórico en el Cilindro y ciclo cumplido. El DT campeón fue debilitado y discutido, tanto que en septiembre tomó la decisión (en privado) de abandonar el club. Solo restaba completar el calendario hasta diciembre y todo acabaría. Aunque al Chacho le quedaba chance de redimirse. Por haber ganado la Superliga, Racing adquirió el derecho a jugar el Trofeo de Campeones ante el ganador de la Copa de la Superliga, con un poco de sabor a revancha: Tigre, aquel que lo había eliminado, era el rival de turno en esta final. Partido en Mar del Plata el 14 de diciembre a estadio repleto y victoria 2-0. El Racing Club de Eduardo “Chacho” Coudet gritaba otra vez Campeón. ¿El rendimiento? Bueno. La figura fue Matías Rojas, autor del doblete que extasió a todo el público celeste y blanco. De esta manera, el romance entre Racing y Coudet terminó de la mejor manera: 2 títulos en la vitrina y un cariño inmenso con aquel DT que nos hizo felices otra vez.