Racing fue un mero espectador en el festejo del River campeón. El equipo de Fernando Gago fue vapuleado por 4 a 0 con goles Palavecino, Julián Álvarez y Braian Romero por duplicado.

La Academia iba de punto al Monumental. Un año muy malo, resultados malos y con solo un ápice de idea futbolística. Gago planteó un esquema raro que no quedaba claro si era 4-4-2, 4-3-3 o 5-3-2 aunque no fue relevante en realidad. River borró de la cancha a los de Avellaneda. Durante los primeros minutos hubo un atisbo de resistencia, con una llegada mal definida por Enzo Copetti incluida, pero al momento que Palavecino puso el 1 a 0, craso error de Iván Pillud y nula marca del resto de la defensa, el partido parecía terminado. Cada ataque del Millonario parecía que terminaba en gol. Milagrosamente, el primer tiempo solo terminaba 1 a 0.

Analizar lo que se vio en la segunda mitad sería faltarle el respeto a los lectores de esta nota. Fue un baile total del Millonario. Además de los 3 goles, algunos con bastantes errores conceptuales en defensa, River casi que se divertía con Racing. Le movía la pelota, lo presionaba cuando tenía ganas y si la Academia mostraba algún intento de rebeldía, el mismo era suprimido enseguida por el equipo de Núñez. Por suerte, Silvio Trucco se apiadaba de media Avellaneda y terminaba el partido sin agregar tiempo suplementario.

Una derrota con olor a fin de ciclo. Y no necesariamente del DT, que esta vez si tuvo ingerencia en el resultado con un esquema inentendible, pero de jugadores que se los nota a desgano y/o con un nivel subterráneo, solo Arias y Alcaraz zafaron del incendio, un ¿asesor? ¿mánager? que pifió en casi todo y una dirigencia que por momentos parece totalmente perdida.
Quedan 3 partidos para intentar arañar la clasificación a la Copa Sudamericana pero ya se que esto se logre o no, Racing necesita un cambio profundo sino el futuro es bastante desalentador.