En un partido totalmente histórico, Racing le ganó el clásico de Avellaneda a Independiente por 1 a 0, con dos jugadores menos que su rival. Con gol de Marcelo Díaz, primero desde que está en La Academia, el equipo de Beccacece se llevó sus primeros tres puntos. El Campeón lo ganó con fútbol, carácter y actitud…como se deben jugar los clásicos.

De a poco, Racing vuelve a ser La Academia. De a poco el Primer Grande del fútbol argentino recupera su impronta ganadora, la histórica, la que nunca debió haber abandonado. La mancomunión de un público que no dejó de alentar con un equipo que jamás dejó de creer. En un partido totalmente épico, el equipo de Beccacece ganó por primera vez. Pavada de estreno, se impuso en el clásico de la ciudad y con 9 ante un Independiente pobre de recursos, al que redujo a su mínima versión.

El inicio de las acciones fue totalmente favorable, 11 contra 11, el campeón sometió a un rival que venía de golear 5-0 a Rosario Central con autoridad. Lo sometió a su propio ritmo, lo desbordó por ambas bandas y pudo tener en diferentes jugadas la apertura del marcador. La más clara de ellas, desde los pies de Montoya (de gran nivel en la tarde-noche de Avellaneda) con misil teledirigido al arco que solo el travesaño pudo desviar.

Lo tuvo desde la pelota parada, lo pudo tener desde dos mano a mano de Lisandro López. Pero la fortuna quiso que en la primera llegada clara del rival, Racing se quedara con una menos. En una acción que el árbitro Loustau (de mal encuentro) interpretó como ocasión manifiesta de gol, expulsó a Gabriel Arias. El guardavalla sacó con la mano fuera del área un disparo que no tenía destino de arco (ergo, es polémica la interpretación del colegiado) y le valió a Racing su primer golpe anímico en contra.

Aun en desventaja numérica, los 10 de Beccacece manejaron las principales acciones hasta el final de la primera mitad. El inicio de la etapa complementaria le asestó su segundo golpe anímico, con la (polémica) expulsión por supuesto codazo de Sigali por parte de Loustau a instancias de su asistente Bellatti. Todo era cuesta arriba.

Racing se mantuvo granítico y corto durante esos 45 minutos (la expulsión se dio a los 5 segundos del segundo tiempo). Le cedió el protagonismo a Independiente, que no sabía qué hacer y que esporádicamente puso en aprietos a Racing. Pero que contó en Javier García a un puntal para asegurar el cero en puerta propia. La más clara, en la cabeza de Franco con un vuelo espectacular del 13 académico.

Los minutos se fueron consumiendo y con ellos crecía la incertidumbre del rival y la convicción de los 9 leones que quedaron en la cancha. Hasta que en una guapeada de Montoya y Cvitanich, nació la historia. Un pase de Darío que pudo ser rematado por Miranda, derivó en una asistencia del ex Defensa y Justicia sin tocar la pelota, que fue a parar a los pies de MArcelo Díaz. Chelo se tomó tiempo donde no suele haber tiempo y definió con calidad entre las piernas del joven Baretto. El chileno le dió un pase a la red que provocó el grito de gol más furioso que se recuerde en el último tiempo en el Cilindro.

Quedaban pocos minutos y Racing debía mantener la ventaja. El equipo de Beccacece intentó que pasaran rápidamente y en ese interín emparejó las expulsiones, con las salidas de Cecilio Dominguez y Lucas Romero. Los pocos instantes que quedaban fueron para disfrutar de una victoria más que merecida ante un rival reducido a su ínfima versión. Mérito de un técnico que vió como debilitar al equipo de Pusineri, y un grupo de jugadores que dejó hasta la última gota de sudor en un Presidente Perón que volvió a vestirse como en sus mejores épocas.

Como cuando Racing era La Academia, como siempre debió ser, como nunca debió dejar de ser. Una fiesta inolvidable….