Racing se enfrentó a Colón en San Juan por la final de la Copa de la Liga Profesional y cayó en un 3-0 olvidable.

La Academia formó en un 4-3-3 inicial: Chila Gómez; Pillud, Sigali, N. Domínguez, Orbán; Miranda, M. Martínez, Piatti; Chancalay, Cvitanich, Copetti.

El equipo careció de amenaza y protagonismo, a tal punto de no poder destacar siquiera individualidades.

Más allá de la falta obvia de Arias, el hecho de no haber tenido a Mena perjudicó a Racing a gran escala. Orbán no tiene los recursos del chileno, tampoco desplazamiento, se lo vio limitado, cortando jugadas sin importar si el rebote le otorgaba un lateral a Colón.

A raíz de esto, el conjunto santafesino ordenaba y generaba sus jugadas por izquierda, para direccionar los centros y que los reciba, casi solo, el Pulga Rodríguez.

¿Cómo encontrar solución ante la clara estrategia del rival? No lo pudimos saber, ya que los cambios llegaron tarde, a minutos de finalizar el partido.
Racing tuvo un primer tiempo completamente tenso, dedicado a neutralizar lo más que podía los ataques que recibía, sin la consciencia de estar jugando una final. El segundo tiempo fue desprolijo, pases y jugadas imprecisas. Colón ya sabía cómo dominar el partido y, a esa altura, el equipo de Pizzi ya mostraba quiebres en la defensa.

Cambios en Racing:

Moreno por Cvitanich, Rojas por Piatti, Lovera por M. Martínez, Galván por N. Domínguez y Cáceres por Pillud.

Estas dos últimas variantes, que deberían haber llegado mucho antes, se realizaron en el minuto 74′ y 86′ del partido.

Los daños en el esquema estaban expuestos, no quedaba tiempo de rearmar y construir una idea de juego, y lo que es peor, tampoco buscaron el milagro.

Racing jugó dos finales en tres meses, le convirtieron 8 veces, pero la Academia ninguna.

Mucho podemos decir de este semestre con tantos altibajos, bastantes mejorías en ciertos aspectos y no tantas en otros. La preocupación se encuentra en la falta de noción de lo que están jugando.

Salir campeón no significa levantar la copa e ir a casa contento.

Salir campeón significa haber representado a la gente en la cancha, y que el premio sea quedar en la historia del primer grande de Argentina.

Lo que pasó ayer por la noche, no tiene que suceder nunca más.

La actitud no se negocia.

Nota por Micaela Vitello