Racing perdió por 3-0 ante Colón en San Juan la final de la Copa de la Liga Profesional y perdió la chance de sumar una nueva estrella y clasificarse inmediatamente a la próxima edición de la Conmebol Libertadores.

Al igual que en todo ámbito de la vida, la suerte se acaba. Y hasta acá llegó la del equipo de Pizzi. Ahora bien, no sería justo caerle al entrenador en estos momentos después de haber festejado cada triunfo que en el fondo se sabía que no era nada más que eso, un triunfo y punto.

Tampoco estaría bien caer en el típico comportamiento popular que se basa en creer que absolutamente todo está mal cuando se pierde y que todo está bien cuando se gana. El fútbol no es así de simple, pero siempre es inevitable virar aunque sea un poquito hacia ese pensamiento. Las derrotas agigantan los problemas y las victorias enceguecen. Eso es una realidad.

Lamentablemente, en este deporte el resultado es el que manda. Los análisis no son los mismos cuando un equipo gana que cuando pierde. Si en el partido vs. Boca La Academia perdía por penales, no hubiésemos hablado del gran equilibrio defensivo del equipo de Pizzi, sino de su gran falencia para llegar al arco rival. Así funcionan y seguirán funcionando las cosas en el fútbol moderno.

Los problemas siempre estuvieron, pero las victorias por penales nos hacían ver el vaso medio lleno de la situación. Ahora que Colón le propinó una paliza futbolística a Racing, nos vemos obligados a ver el vaso medio vacío. La idea de ayer no distó mucho de la de partidos anteriores, solo que en esta ocasión hubo que enfrentarse a un rival que tenía claro cómo lastimar.

El Sabalero jugó con otra dinámica y supo romper ese bloque defensivo al que Racing tanto se aferraba para sostener los resultados. Ahí estuvo la diferencia. Cuando Colón dio el primer golpe, a La Academia se le cambiaron los papeles y se vio inmersa ante una situación que no pudo controlar. El ataque, excepto en algunos pocos partidos, nunca fue parte de los planes de este equipo a lo largo de toda la Copa de la Liga.

Por lo tanto, a los de Pizzi les costó mucho siquiera plantarse en campo rival para tomar la iniciativa. Todo muy improvisado y desordenado en la faceta ofensiva. Cómo lo fue siempre, pero por ser una final y haberla perdido de tal forma va a ser un aspecto más remarcado de lo normal.

Este tipo de torneos tiene esas cosas. Le permite a equipos como Racing llegar a los tropezones hasta la final, pero también a otros como Colón poder aprovechar su gran momento futbolístico y coronarse campeón rápidamente. La Academia ayer perdió otra chance de seguir acostumbrándose a ganar cosas seguido. Pero así es el fútbol, las ilusiones afortunadamente se renuevan constantemente.

Nota por Bautista Cabral