El año del heptacampeonato. La hazaña sostenida en el tiempo más grande de la historia del fútbol argentino. Un récord que cumple un siglo. El orgullo de ser la Academia.

Las gestas que se instalan para siempre en la memoria ocurren en un tiempo y en un espacio. Cuando quiebran la lógica habitual del tiempo y suceden como si los relojes no avanzaran, consiguen transformarse en hitos que marcan un antes y un después. Racing se consagró heptacampeón el 14 de diciembre de 1919 y eso lo ubicó en un escalón que ningún otro club pudo alcanzar hasta hoy. Por eso estas palabras. Por eso estas imágenes. Por eso, cuando se acercan los 100 años de una conquista irrepetible, la voluntad de que los nombres de aquellos héroes no perezcan jamás.

Un heptacampeonato no se construye de un día para el otro. Se necesita la mezcla justa de constancia y de talento para superar la catarata de obstáculos que implica estar en lo más alto durante siete temporadas. Racing, fundado el 25 de marzo de 1903, obtuvo el ascenso a la máxima categoría en 1910 y, a partir de ahí, como heredero del Alumni que señaló la ruta de este deporte en el arranque del siglo, fue protagonista de cuanta competencia se desarolló en estas tierras. Especialistas como el historiador Julio Frydemberg, autor del libro “Historia social del fútbol: del amateurismo a la profesionalización”, describen el contexto como una constante ebullición de clubes, lo que vuelve aún más notable la hazaña pintada de celeste y blanco.

El primer título llegó el 28 de diciembre de 1913 y funcionó como la puerta hacia el regodeo cotidiano con la gloria. Resultó casi natural entonces que Racing se impusiera de forma consecutiva en 1914, en 1915, en 1916, en 1917, en 1918 y en 1919. Varios de aquellos torneos se lograron sin perder ni siquiera un partido. Y, además, como si fuera un detalle menor, habría que agregar a la lista de éxitos ocho copas nacionales: la Copa Doctor Carlos Ibarguren en 1913, 1914, 1916, 1917 y 1918; y la Copa de Honor Municipalidad de Buenos Aires en 1913, en 1915 y en 1917.

Si de nombres propios se trata, la nómina es extensa pero incluye figuras de la talla de Marcos Croce, Alberto Ohaco, Natalio Perinetti, Pedro Ochoa, Alberto Marcovecchio, Juan Perinetti, Armando Reyes, Francisco Olazar, Juan Hospital y Alberico Zabaleta. Todos ídolos que, de arco a arco, se ganaron merecidamente un sitio en el panteón racinguista. Los apellidos de varios le dan sentido de pertenencia a las puertas de ingreso al Cilindro dese hace varios años. En este marco, la Academia, mote que Racing recibió en 1915 por sus arrolladores desempeños adentro de la cancha, se convirtió en una cuna de futbolistas de jerarquía.

Un siglo es un siglo. Es un mojón fundamental en un recorrido que se arrima a los 116 años de vida con la satisfacción de estar de pie después de unos cuantos tropezones. Primero de muchos reconocimientos que habrá a lo largo de 2019, Racing tiene un argumento de lujo como para mostrarle al mundo su orgullo: no cualquiera puede decir que fue, es y será actor principal en la gestación de la historia de nuestro fútbol.

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