El año 1968 le ofreció a Racing, el día 19 de junio, el nacimiento de un mediocampista que no podría olvidar. Capital Federal acobija su llegada y recibe a Fernando Héctor Quiroz. Por lógica y algunos segundos de matemática, quizás algunos no comprendan por qué menciono al club en esa fecha tan temprana, pero el motivo lo cuenta Teté siempre que puede: desde que pisó este mundo, se convirtió en socio de la Academia. Mientras el resto de los niños crecían día a día en una rutina común y corriente, Quiroz anhelaba vestir la camiseta celeste y blanca, esa que lleva como apellido Avellaneda.

Entrenó y se formó en un club conocido de Parque Patricios, pasando cada prueba y desafío que se le atravesó. Su deseo estaba latente, era cuestión de tiempo para que los caminos se unificaran. En 1993, Racing se encontró cara a cara con aquel jugador que le prometió el año 1968. El 12 de septiembre Teté se vistió de gala, ató fuerte sus botines y besó con talento el césped. Jugar al fútbol era su pasión, pero hacerlo con esa camiseta lograba que cortar, marcar y pasar la pelota se convirtiera en un vals. En 1994, llegó su primer gol a favor de la Academia y, fue así, como colocó el anillo y dio el sí a un sentimiento eterno.

Como todo gran amor, atravesó circunstancias difíciles. Aquellas que ponen a prueba a cualquier jugador, en todo sentido. Fernando no sólo demostró compromiso profesional, sino que reafirmó su lealtad con el club, pisando firme contra viento y marea. Logró pelear algunos campeonatos, incluso participó de la semifinal por Copa Libertadores en 1997.

En el año 2000, apareció la despedida con gusto a injusticia. El jugador había sufrido lesiones que le dificultaban mantener el ritmo que llevaba. Su último partido fue el 27 de febrero frente a Chacarita como visitante, pero el 3 de marzo Racing se enfrentó a Ferro y Quiroz salió a la cancha, sin jugar. ¿Por qué? Porque necesitaba despedirse de aquella hinchada que tanto cariño le demostró. Recibió una ovación a cambio.

Teté disputó 138 partidos y anotó diez goles con la celeste y blanca. Hoy cumple 53 años. Sus ojos brillan cuando le mencionan a la Academia. La sortija de aquel casamiento la tiene guardada en su memoria, y le brinda honor siempre que tiene la oportunidad.

El amor para toda la vida existe, sólo que no todos tienen la suerte de enamorarse al nacer.

Fernando “Teté” Quiroz. Socio, mediocampista y afortunado.

Nota por Micaela Vitello