Racing empató frente a Estudiantes por 1-1 en el Torneo de la Liga Profesional y acumula su octavo partido consecutivo sin ganar.

El equipo de Claudio Úbeda volvió a mostrar una imagen poco grata dentro del campo de juego y el futuro deportivo del club se encuentra cada vez más comprometido. Afuera de todas las copas, sin respuestas dirigenciales, un cuerpo técnico improvisado y con la gente descontenta con la actualidad futbolística e institucional.

Ayer volvió el público al Cilindro, y fue lo único lindo que se vio en el estadio durante los noventa minutos. Por momentos, el fervor que bajaba de las tribunas distraía al espectador del fatídico presente que está atravesando Racing; aunque el efecto de la hinchada solo sirvió para darle algunos minutos de reacción a un equipo que no descubre el rumbo que debe tomar.

Normalmente, en estas situaciones tan particulares, los futbolistas necesitan de una inyección anímica para salir del bache de las derrotas. Así como el dato de que ocho partidos sin ganar resulta estremecedor para los fanáticos, también lo es para los jugadores; que a medida qué pasa el tiempo comienzan a sentirse sin confianza.

Racing sale a la cancha percibiéndose inferior a su rival, sea quien sea el que esté en frente, algo que es condenatorio para un club grande. Por eso, cualquier herramienta que sirva para creerse superior es muy valiosa, y en este caso fue el público, que a pesar de su aliento incesante, no logró revertir el rendimiento del equipo.

Las soluciones no aparecen por ningún lado. En la cancha, los propios futbolistas le deben dar indicaciones al entrenador para que se dé cuenta de lo está sucediendo en el partido. Las declaraciones del capitán, los reclamos de la gente, el desempeño individual de algunos futbolistas, la incertidumbre del director técnico… Todo es un caos, y así seguirá si no se toman decisiones.

Nota por Bautista Cabral