Racing perdió ante Platense por 1-0 en el Cilindro y la crisis futbolística parece acrecentarse cada vez más.

Las crónicas luego de cada partido son siempre las mismas. Un equipo apático, que no logra crear situaciones de gol y que tampoco encuentra respuestas en ningún ámbito. Los noventa minutos representan una monotonía absoluta que ya ni el aliento del público ni el tener un rival de menor jerarquía en frente pueden romper.

Desde el momento en el que se tomó la decisión de sostener a Úbeda en el cargo hasta diciembre, la dirigencia manifestó indirectamente sus intenciones sobre el futuro del club. El año ya está perdido, no hay manotazo de ahogado que pueda mejorar la imagen de este equipo que tan mal ha funcionado desde la llegada de Juan Antonio Pizzi hasta el día de hoy.

De este modo, resulta increíble pensar cuánto cambiaron las aspiraciones del club en tan solo un lapso de menos de 12 meses. La eliminación a Flamengo y la insólita derrota frente a Boca en la Libertadores pasada fueron hace nada más que un año. En ese momento, el objetivo estaba en ganar la Copa, ahora parecería ser que entrar a la Sudamericana por la ventana es un logro.

El cambio que se necesita para dar vuelta la situación es radical. Es fundamental la inyección de algún factor que levante el ánimo y logre sacar a los jugadores del bache profundo en el que se encuentran. Si la planificación y los proyectos no son algo que complazca a la dirigencia, lo mínimo que se puede hacer es tomar una decisión para intentar cambiar el rumbo. Las cosas así como están no funcionan, y nunca lo harán.

Nota por Bautista Cabral