Hoy se termina el año y con él se va uno de las peores temporadas de los últimos tiempos. ¿Qué pasó?

Si bien esto se trata del balance del 2021, la piedra fundamental del descalabro se explica primero con la salida de Diego Milito en noviembre de 2020. Sin el ex mánager, se terminó una etapa de tres años donde la improvisación futbolística había desertado.

Un mes después, y aún con el repudio por la salida del ídolo, se cometió el segundo gran error: Las elecciones.

No porque haya ganado el oficialismo, algún mérito habrá tenido y cada uno es libre de votar como desee, no es eso. La abultada diferencia entre Víctor Blanco y sus oponentes no hicieron más que darles una “legitimidad” y un “respaldo” que no necesariamente significaba el clamor popular. Recordemos que mucha gente optó por no ir a votar en medio de la pandemia.

A partir de acá, y con el comienzo del 2021, se fueron cometiendo errores tras errores. En primera instancia, y si bien no es culpa de la CD, se fue Sebastián Beccacece. El rubio entrenador, que había venido de la mano de Milito, optó por su salida luego del desenlace que tuvo el ex mánager.

Al mismo tiempo Lisandro López, sin notificar a nadie, decidió abandonar el club para irse a Estados Unidos. Una decisión que más adelante revertiría.

Ante un panorama sin entrenador, sin referente y sin mánager, se cometió el primer gran error por parte de la dirigencia: Desechar el método de trabajo que había sido exitoso. Nunca se entendió por qué se desmanteló la Secretaría Técnica. Queda claro, sí, que no era una decisión ni un proyecto a largo plazo de esta CD; sino algo que trajo Milito pero que por el ego de no pertenecer fue mirado de reojo por celosos dirigentes.

El segundo gran error fue la contratación de Rubén Capria en un cargo que pocos pudieron explicar. Está claro que el ex futbolista no estuvo a la altura y solo se sostuvo en un puesto inexplicable por capricho dirigencial para calmar a la gente tras la salida de Milito.

La falta de comunicación, la pésima elección de refuerzos, la nula coherencia para elegir un entrenador (se pasó de Beccacece a Pizzi, de éste a Úbeda y luego a Gago) y la excesiva injerencia dirigencial en su trabajo; hicieron de la gestión Capria un total fracaso en relación a la metódica manera de trabajar de la Secretaría Técnica. El trabajo vs. la improvisación.

Pero no solo el club cayó deportivamente fruto de pésimas decisiones, no fue solo eso. La relación entre la CD y la gente fue deteriorándose. Mientras la pelotita no entraba, los defectos que siempre estuvieron presentes fueron cada vez más visibles.

Así, cosas como la falta de infraestructura, la mala conducta con el socio y el frenético arte de actuar solo para salvarse el ombligo fueron tiñéndose en un canto que primero vivió en las redes sociales y luego se trasladó al estadio: Milito.

No es casualidad que el nombre de guerra de la gente sea el del ex mánager. Primero por ser la cara del éxito deportivo de los últimos años en Racing y, por otro lado; exacerbada por un personaje que fue cada vez más insostenible: Adrián Fernández.

El “Oso”, como le dicen, fue el responsable (uno de) por el que Diego Milito se fue del club. Como si esto no fuese poco, sus actitudes de barrabrava (propias de un hombre carente de materia gris en el cerebro) y su constante uso del club como negocio personal fueron tensando aún más la cuerda hasta que terminó quebrándose y la CD no pudo sostenerlo más.

Si tuviésemos que definir a Racing en el 2021 podríamos decir que fue el “producto previsible de la improvisación constante”, donde las cabezas no tienen ninguna idea sobre como manejar las riendas del club.

Por el bien de todos, esperemos que el 2022 sea un mejor año para la Academia; que los dirigentes aprendan de los errores del pasado y entiendan de una vez que solo trabajando se sale del pozo.